Versión Estenográfica
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Palabras de la Secretaria de
Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, durante la ceremonia por el 197
Aniversario Luctuoso de Don Miguel Hidalgo y Costilla, en la delegación
política del mismo nombre, Ciudad de México.
30 de julio del
2008
Muy buenos días, muy estimada Delegada
en Miguel Hidalgo Gabriela Cuevas, el Padre Miguel Hidalgo y Costilla, siempre
estuvo pensativo mientras era conducido a Chihuahua, como el cabecilla y más
preciado prisionero del ejército Insurgente.
Durante las 27 jornadas que duró el
trayecto desde La Norias de Acatita del Baján, su temple tranquilo y firme llamó
la atención de sus compañeros Insurgentes presos y de los soldados realistas
que también lo custodiaban.
Quizás comparaba entonces el árido
paisaje que sus ojos veían, con el suave color verde de sus rumbos del Bajío,
ese crisol y raíz del mestizaje mexicano donde el creció.
O quizás un sentimiento apacible
embargaba su rostro, porque a seis meses de haber llamado a luchar por la
Independencia, contaba con la seguridad de que para esas fechas de 1811, ya
toda la Nación estaría en fermento, como escribió, y es que tenía noticias que
le permitían sonreír mientras caminaba a su prisión, José María Morelos había
iniciado la lucha en la tierra caliente michoacana, Guadalupe Victoria lo había
hecho por los rumbos de Veracruz, Pedro Moreno tenía levantados a Los Altos de
Jalisco, Andrés Quintana Roo, su esposa Leona Vicario y los Guadalupes,
organizaban la insurgencia en la Ciudad de México, Ignacio López Rayón ya
luchaba en la región de Zitácuaro.
Al llegar todos los presos a
Chihuahua, de inmediato se les inició un juicio, Ignacio Allende, Juan Aldama
y Mariano Jiménez fueron condenados a
muerte por traición, y por tal consideración se les fusiló por la espalda, y se
les decapitó públicamente en la Plaza de los Ejércitos de esta ciudad norteña.
Mariano Abasolo se salvó de la muerte,
pero se le condenó a prisión perpetua en España, donde moriría cinco años después.
El caso de Miguel Hidalgo era más
delicado, todo el juicio ocurrió entonces el 29 de julio de 1811, al día
siguiente, justamente en un día como hoy, hace hoy 197 años, todo estaba listo
para ejecutar la condena, por profesar, decían, y divulgar ideas exóticas al pretender
independizar a México del Imperio Español.
Dicen que ese 30 de julio, Miguel
Hidalgo amaneció tranquilo, e incluso un poco bromista; por consideración a su
ejercicio sacerdotal , la ejecución no fue pública; y no fue fusilado por la
espalda, sino de frente y a pecho descubierto.
Fueron cuatro descargas, y de la
decapitación no se salvó; así murió el hombre moderno de su tiempo, el que en
el Bajío insistió en que había que fomentar la educación para la acción, su
convicción era entonces preparar a las personas para que tuvieran un trabajo,
fue promotor de talleres de oficios para hombres y mujeres, y traductor de
Molliere y de las más revolucionarias obras del siglo de las luces.
Fue promotor de obras de teatro y de
coros infantiles, fue profesor y rector del Colegio de San Nicolás, y su vida íntimamente
ligada a la agenda educativa de la Nación.
Fue también el que abolió la
esclavitud, el que creyó que la Independencia era la apuesta más importante en
la libertad, el que devolvió las tierras a las comunidades indígenas porque decía,
que el poder político debe estar en manos de la comunidad.
Y como afirmaba nuestra jefa
delegacional, es este empeño de que todos los días el poder político regrese
otra vez al ciudadano.
Fue el que declaró a San Miguel El
Grande, como el primer ayuntamiento libre de América, recordando que el poder
ha de regresar siempre al pueblo.
El General que encabezó entonces un ejército
de indios, de gente del campo, que con piedras y con palos y con malas lanzas,
mezclaba entonces con un sinnúmero de mujeres, mujeres que ya escribieron las
luchas por la Independencia, y familias enteras lo acompañaron.
El caudillo, el de la voz común de la
Nación, el fue, y este ha sido y es el espíritu de Miguel Hidalgo para México,
el espíritu de libertad y el espíritu del poder de los ciudadanos.
Este México en el que nos preparamos,
con el liderazgo del Presidente Flipe Calderón, a celebrar el bicentenario de
la Independencia, no es un día menor, es un día para recordar el valor que
tenemos como Patria, y las luchas de miles de hombres y mujeres que dieron su
vida creyendo que llegaría un día como el día de hoy, donde libres acudimos a
esta convocatoria, donde libres acudimos a las urnas, donde se vale la libertad
de pensamiento y se defiende la libertad de expresión.
Este México nuestro, en que el
Gobierno del Presidente Calderón trabaja cada día, para fortalecer la agenda de
justicia, de equidad y democracia.
Esas son, como soñó Miguel Hidalgo y
Costilla, las pautas soberanas del presente y del futuro de la Nación Mexicana.
Con su muerte, Miguel Hidalgo dio vida
para siempre a la Libertad y a una Independencia de esta Patria generosa, de
esta Patria que es de todos.
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